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Propuesta de la ANEF al Supremo Gobierno
para un proyecto de ley de desafiliación de
las AFP de funcionarios públicos (Santiago,
agosto de 2000)
La previsión: "Una
bomba de tiempo”
"Casi la mitad de los trabajadores incorporados
al sistema no alcanzará a generar ni siquiera
la pensión mínima, dados sus ingresos
y la discontinuidad de los aportes. Esto es: «una
bomba de tiempo tanto para las familias como para
las finanzas", señala el Presidente Ricardo
Lagos en su libro 'MI IDEA DE PAIS". Del mismo
modo, el Presidente de la República en su visita
histórica a la ANEF, demostró estar
muy consciente de la situación que hoy, están
viviendo miles de trabajadores del Estado que cotizan
en el sistema de las AFP, al manifestar que "el
Sistema Previsional está haciendo crisis y
va a hacer crisis si no somos capaces de abordarlo
en su integridad y que los funcionarios públicos
no van a jubilar, porque la diferencia entre cuando
uno es activo y pasa a ser pasivo es demasiado grande".
El Presidente sabe que este es un
tema extremadamente complicado al decir que, 'un 50%
de las personas que están cotizando en AFP,
sea porque tienen remuneraciones bajas, sea porque
tienen lagunas provisionales, tendrían, eventualmente,
pensiones de jubilación inferior a la mínima
($ 68.000) y el Estado deberá pagar la diferencia".
Lo anterior, demuestra claramente
que si no se hace una profunda reforma al Sistema
Previsional, el aumento de la pobreza, la iniquidad
social y la desigualdad, harán explotar esta
bomba de tiempo.
Los trabajadores en forma individual
y en conjunto, también debemos estar conscientes
de la responsabilidad que nos cabe en este asunto
y participar activamente en la defensa de nuestra
propuesta, para resolver prontamente este grave problema.
La ANEF convoca a una participación activa
y no ser simples espectadores, necesitamos dejar la
huella en el camino difícil que hoy transitamos,
no hacerlo es en cierto sentido no existir.
I. Introducción
El 13 de noviembre de 1980, se publicó
en el Diario Oficial el Decreto Ley No 3.500, que
creó un Sistema de Pensiones de Vejez, de Invalidez
y Sobrevivencia, derivado de la capitalización
individual, más conocido como el Sistema de
las Administradoras de Fondos de Pensiones, las A.
F. P.
Durante casi veinte años dicho
Sistema, por diversas razones, algunas de las cuales
serán explicitadas más adelante, ha
imperado sin grandes cuestionamientos, salvo aislados
intentos por desnudar sus intrincas falencias, los
que van en directo perjuicio de sus principales sostenedores:
los trabajadores.
Hoy, parecen estar dadas las condiciones
para variar la situación, en primer término,
el propio sistema ha mostrado los signos de sus flaquezas:
rentabilidad negativa con grave detrimento del patrimonio
de los afiliados; dependencia del vaivén accionarlo
con grave inestabilidad financiera; costos de administración
exagerados; baja tasa de cotizantes, que implica una
baja cobertura del sistema, las pensiones pagadas
por las A. F. P., en general, son bajas; concentración
económica con enorme poder económico
y político y, finalmente, nula participación
de los trabajadores en las decisiones que afectan
la administración de sus fondos provisionales.
En segundo lugar, la espesa niebla
transicional tiende a despejarse y ahora, ya es posible
abordar temas que, hace muy poco eran tabúes,
y entre ellos, la validez económica y social
del Sistema de Administradoras de Fondos de Pensiones,
situación potenciada por la reciente elección
presidencial, los acuerdos de la ANEF con el Gobierno
que demostraron, palmariamente, en el ámbito
de funcionarios públicos, la tremenda desigualdad
en el monto de las pensiones entre quienes estaban
en el Sistema de Reparto, administrado en la actualidad
por el Instituto de Normalización Previsional,
y quienes están en las A.F.P., generando a
nivel de las bases de la ANEF y otras organizaciones
del ámbito estatal y privado, una efervescencia
y clamor de solución, básicamente centrado
en la opción de desafinación del Sistema
de A. F. P., de insospechadas repercusiones a nivel
social y político.
En este contexto, la Agrupación
de Empleados Fiscales, ANEF, ha acometido la difícil
tarea de canalizar dichas inquietudes, con un sello
de responsabilidad y transparencia. Responsabilidad
en cuanto a planteamientos serios y reales, fundamentados
en estudios jurídicos y análisis de
las condiciones históricas, sociales, económicas
y políticas que permitieron, para nosotros,
la injusta y arbitraria creación del Sistema
de Administradoras, de Fondos de Pensiones. Transparencia
en cuanto a no someter a engaño a nuestros
asociados e interesados en el tema, a decir la verdad
del enorme desafío que representa a la lucha
que comenzamos, en especial, considerando los grandes
intereses- económicos que se mueven tras las
A.F.P., y una oportuna y veraz información
del curso de las conversaciones con autoridades gubernamentales,
parlamentarias y organizaciones no afiliadas a la
ANEF.
Sabemos que tenemos la razón
en nuestras peticiones y por ello resulta inclaudicable
el compromiso de efectuar todas las gestiones que
permitan el éxito final de ellas, logro no
posible sin la unidad y fortaleza del movimiento gremial
chileno, a las que desde ya convocamos.
II. Instauración del
sistema
Circunstancias históricas,
políticas, económicas y sociales.
La dictación del Decreto Ley
No 3.500 fué la culminación de un proceso
iniciado ex-profeso por las autoridades militares
y en cuya implementación incidieron las circunstancias
históricas, económicas y sociales de
la época.
Esta autoría material tiene
también una autoría intelectual proveniente
de los neo-liberales del momento, para quienes no
pudo pasar desapercibido el gran caudal de dinero
que significaban las cotizaciones provisionales y
que representó, para su sensible olfato, un
lucrativo negocio.
Cómo empezó
Hasta esa fecha, noviembre de 1980,
en materia de Previsión Social imperaba en
Chile el denominado Sistema de Reparto, el cual era
administrado esencialmente por distintas Cajas de
Previsión, en un número aproximado de
veinte. Asimismo, participaban en el Sistema los llamados
Organismos Auxiliares, que no eran sino instituciones
ligadas a grandes empresas y habilitadas para realizar
actividades provisionales y de seguridad social conexas
a las Cajas de Previsión.
Desde finales de los setenta fué
evidente que, producto del aislamiento internacional
del régimen militar y las condiciones económicas
mundiales, el país se vería enfrentado
a una seria crisis, siendo necesario entonces "crear'
nuevas fuentes de financiamiento para el sector empresarial,
único privilegiado del régimen militar.
Y, ahí surgió José
Piñera, Ministro del Trabajo y Previsión
Social de la época, con la "brillante"
idea de crear un sistema de ahorro obligatorio sólo
para los trabajadores, que no era otra cosa que el
sistema de capitalización disfrazado bajo el
pretexto de otorgar pensiones de vejez, invalidez
y sobrevivencia. Tenía, asimismo, un ingrediente
satisfactorio para los empleadores y era el hecho
de no aportar la parte patronal, como el principio
solidario de la Previsión Social lo exige en
el Sistema de Reparto.
Es conveniente recordar en este punto
que el Sistema de Capitalización Individual
fue instaurado en Estados Unidos y la crisis del año
30, generadora precisamente del Seguro Social, lo
sepultó para siempre en ese país.
Cómo hacerlo
Para lograr sus propósitos,
las autoridades contaban desde ya con un pueblo sojuzgado,
pero había que guardar las apariencias, en
especial, por los sensibles observadores internacionales.
La estrategia fué simple:
primero, destruir el Sistema de Reparto, con críticas
que si bien tenían cierto fundamento económico,
no eran esenciales para no permitir su subsistencia;
con el desprestigio de las Cajas de Previsión
como instrumentos para generar buenas pensiones; con
la extinción de beneficios habitacionales,
médicos y de desempleo; en fin, con la creación
de un virtual organismo liquidador, como lo fue en
sus inicios el Instituto de Normalización Previsional.
Hasta en esto fueron sutiles los "genios"
del Sistema de Capitalización, procuraban dar
la impresión que el Sistema imperante estaba
desquiciado y que requería, al igual que en
las políticas de tierra arrasada, con natural
lógica de guerra, no dejar sobrevivientes.
Felizmente, se equivocaron y hoy, el Sistema de Reparto,
aún vigente por la fuerza de los hechos, ha
permitido demostrar la iniquidad del llamado Nuevo
Sistema.
Lo segundo, en la mecánica
de disolución, fué una planificada política
comunicacional, en que junto con publicitar el nuevo
producto se desprestigio el Sistema de Reparto, tildándolo
peyorativamente como el "antiguo sistema"
menoscabando sus beneficios y resaltando las bajas
pensiones y de todo lo cuál ha ' perdurado
en el tiempo la figura del "quedado", aquel
atolondrado imponente que no era capaz de ver las
bondades del Nuevo Sistema. Y todo, teniendo como
sustrato histórico-político y social,
la fuerza opresiva omnipotente del régimen
militar.
Así, no fué difícil
que algunos creyeran en el garlito de un porcentaje
mayor de sueldo y cuya restitución, incrementada
varias veces, se verá reflejada ahora en sus
pensiones; otros se afiliaron a las A.F.P., por una
concepción del mal menor; y los más,
fueron obligados, directa o indirectamente a afiliarse
en el publicitario Nuevo Sístema. Al respecto,
adelantamos desde ya que la fuerza, como vicio del
consentimiento, anula todo acto de voluntad.
Las reacciones, como era de esperarse,
fueron mínimas y sólo algunos, subterráneamente,
trataron de hacer una contra propaganda al Sistema
de Capitalización Individual, pero las circunstancias
hicieron estériles sus esfuerzos.
El tiempo presente ha hecho renacer
las esperanzas de reparar esta injusticia, tiempo
que parece haber llegado para recuperar la dignidad
de los servidores públicos.
III. Las expectativas no
cumplidas
El Sistema de AFP pretendía,
según sus procreadores, obtener tres logros:
a) Mejores Pensiones
b) Mayor Cobertura
c) Menor Evasión.
La realidad ha demostrado que ninguno
de ellos se ha cumplido y, por el contrario, estudios
serios de organizaciones y expertos nacionales e internacionales,
sostienen que finalmente el Estado, es decir, todos
nosotros, deberemos pagar las pensiones del Sistema
que, por lo demás, en el mejor de los casos,
serán de carácter mínimo. En
lo que se refiere a mejores pensiones, resulta dramático
comparar las pensiones otorgadas por ambos sistemas:
a iguales condiciones de años de servicio,
remuneraciones y edad habilitante para pensionarse,
las pensiones del Sistema de Reparto (I.N.P.) son
superiores en a lo menos 60 %, a las del Sistema de
Capitalización Individual. La mayor cobertura
es inexistente por cuanto el Sistema privilegia los
sueldos altos y estos, obviamente, son los menos.
También afecta a esta mayor cobertura los aportes
discontinuos, resultado de las propias sacrosantas
leyes de¡ mercado. Finalmente, la menor evasión
tampoco ha sido posible por la natural tendencia de
los empleadores a no pagar oportunamente las cotizaciones
que han descontado a sus trabajadores, lo que ha generado
un número tal de cobranzas provisionales que
ya se está considerando quitar competencia
a los Juzgados del Trabajo, por las dificultades que
provocan en el conocimiento de las causas laborales.
Por otra parte, siendo un Sistema que se basa en las
fluctuantes condiciones del mercado accionarlo, cuyas
circunstancias de inseguridad y pérdida ya
hemos experimentado, el sostener que al cumplir los
sesenta y cinco años de edad, tendremos una
pensión justa y digna, es claramente aleatorio
y se asemeja a los planteamientos de corte totalitario,
en que se especula con beneficios futuros los que
en definitiva nunca serán cumplidos. En sí,
el sistema de capitalización es una burla cruel
a la credibilidad de sus afiliados, quienes al jubilar
constatarán la triste realidad de recibir una
pensión que, en el mejor de los casos, será
de carácter mínimo. Nosotros no queremos
que llegue ese aciago momento, y por eso estamos en
esta lucha reivindicativa de justicia y reparación.
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